La última subida

“No fue el momento más trascendente en la historia del Banco Central Europeo (BCE), pero bien pudo tratarse del segundo*. Hasta ahora.” 

ECB holds rate at 1.5 per cent as economic growth slows

Era el mes de julio y era el presidente del BCE, pero no era Londres y todavía no era 2012. Tampoco era Mario Draghi. Era Jean Claude Trichet. Un irreductible galo dispuesto a finiquitar su carrera a los mandos del banco central con una decisión a su manera histórica. Histérica.  Histriónica.

“Based on its regular economic and monetary analyses, the Governing Council decided to increase the key ECB interest rates by 25 basis points, after raising rates by 25 basis points in April 2011 from historically low levels. The further adjustment of the current accommodative monetary policy stance is warranted in the light of upside risks to price stability”, anunciaba el entonces presidente del instituto emisor de la zona euro.

Cuatro años después de aquel 7 de julio de 2011, la decisión del BCE de elevar los tipos de interés en 25 puntos básicos, hasta el 1,50%, cuando el temor a un recaída de la economía del euro parecía pesar en los mercados más que la amenaza de inflación, sigue atenazando a los actuales señores del dinero.

Una generación de funcionarios monetarios que aún no ha acreditado méritos suficientes para honrar el título de banqueros centrales, como diría el expresidente de la Reserva Federal Paul Volcker a su sucesor en el cargo, Alan Greenspan.

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 Tras la marcha de los Bernanke, King o el propio Trichet,  que con mayor o menor fortuna diseñaron la respuesta a los momentos más duros de la Gran Recesión, la nueva hornada de banqueros centrales coincide en la misión de capitanear la reactivación y normalización de las  economías desarrolladas.

   Una promoción de responsables de política monetaria alimentada con rebajas de tipos y tinta de impresora que gracias a la derrota por incomparecencia de la inflación en las economías más desarrolladas han disfrutado hasta ahora de la cara más amable de la política monetaria.

Así, ya sea por razones macroeconómicas, monetarias, políticas o incluso quizá por el temor a precipitarse,  el alza del precio del dinero acometida por Trichet el 7 de julio de 2011 se mantiene hasta la fecha como la última subida del precio del dinero entre los bancos centrales de los países del G-7, el grupo que acoge a las principales economías desarrolladas.

El aguafiestas.

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La lectura que el banquero francés hizo de las perspectivas macroeconómicas a la hora de acometer su última subida de tipos ha convertido ‘hacer un Trichet’ en sinónimo del mayor temor de los banqueros centrales: ser recordados como el aguafiestas oficial por apagar las luces y la música antes de tiempo.

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De hecho, si una de las principales virtudes de un banquero central, más aún cuando se trata de una institución de la complejidad del BCE, es la capacidad de forjar consensos, el francés demostró ser un consumado especialista. Resulta difícil encontrar otro caso en el que prácticamente todo el mundo coincida: Trichet cometió uno de los mayores errores de la crisis y además era reincidente.

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Basta con darse un paseo por las redes sociales de aquel verano de 2011 para encontrar a periodistas, analistas y algún académico, que aún no era consciente del papel que iba a desempeñar en la historia económica de la eurozona años después, criticando con dureza la decisión de Trichet.

Sin embargo, no sería justo tampoco olvidarnos de que la subida de tipos de julio de 2011 fue adoptada por unanimidad de los miembros del Consejo de Gobierno, Mario Draghi incluido en su doble papel de gobernador del Banco de Italia y heredero oficial de Trichet , como también había sido unánime la subida de tipos de abril de ese mismo año, cuando la tasa subió del 1% al 1,25% y unánime fue la subida del precio del dinero al 4,25% desde el 4% en julio de 2008.

El karma.

Coincidiendo con fecha tan señalada en la que la falta de vista del BCE estuvo a punto de dinamitar la eurozona, los trabajadores de las obras en la antigua sede de la entidad en Fráncfort retiraban este martes, 7 de julio de 2015, el icónico logo del euro estrellado, según revela@AFP

 

*Este artículo fue escrito en julio de 2015, por lo que no tiene en cuenta la subida de tipos de la Reserva Federal de EEUU en  diciembre de 2015

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