Cabras azules a orillas del Meno

“–Nueva manera de cabras es ésa –dijo el duque–, y por esta nuestra región del suelo no se usan tales colores; digo, cabras de tales colores. –Decidme, Sancho –preguntó el duque–: ¿vistes allá en entre esas cabras algún cabrón?”

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La entrada de Lituania en la eurozona al ritmo de las doce campanadas que anunciaron el comienzo de 2015, que desde febrero será también el Año de la Cabra Azul,  amplía a diecinueve los miembros del rebaño del euro, desencadenando uno de los más profundos cambios en el funcionamiento del Banco Central Europeo (BCE), obligado por los tratados de la UE a introducir una sustancial modificación en el mecanismo de toma de decisiones de la entidad.

De este modo, el Consejo de Gobierno del BCE, el máximo órgano del ‘Guardián del euro’, que acoge a los 19 gobernadores de los bancos centrales nacionales y a los seis miembros del Comité Ejecutivo de la institución con Mario Draghi a la cabeza, dejará de asignar un voto a cada uno de sus componentes y comenzará a aplicar desde el próximo 22 de enero un sistema de rotación del voto, con el que España aparece como la gran perjudicada entre las grandes economías del euro.

En concreto, el nuevo mecanismo de toma de decisiones mantiene el voto para los seis miembros de la ejecutiva del banco central, lo que garantiza que Italia, Portugal, Alemania, Francia, Luxemburgo y Bélgica siempre contarán con al menos un voto en cada reunión del Consejo de Gobierno  del BCE.

Sin embargo, a diferencia del sistema aplicado hasta ahora, los gobernadores de los 19 bancos centrales nacionales dejarán de contar con un voto en cada reunión y quedarán encuadrados en dos grupos en función del tamaño de las economías. No obstante, todos los banqueros centrales de la eurozona seguirán asistiendo a las reuniones y podrán expresar su opinión durante las mismas.

El primero estará formado por los cinco grandes países de la eurozona -Francia, Alemania, Italia, España y Holanda- que deberán repartirse un total de cuatro votos por reunión, lo que obligará a rotar a uno de los miembros cada seis semanas, el nuevo periodo fijado para celebrar las reuniones de política monetaria del BCE.

Por su parte, los otros 14 gobernadores de bancos centrales de la eurozona – Luxemburgo, Eslovenia, Eslovaquia, Malta, Chipre, Grecia, Estonia, Letonia, Lituania, Finlandia, Bélgica, Portugal, Austria e Irlanda- contarán con 11 votos en cada reunión, por lo que en cada encuentro del Consejo de Gobierno sobre política monetaria, tres países de este grupo no podrán votar las medidas discutidas.

Según el Banco de España, está prevista la creación de un tercer grupo de países cuando llegara a darse el caso de que el número de gobernadores centrales nacionales superase los 21, aunque esta circunstancia no implicaría cambios ni en la composición (5 países) ni en el número de votos (4) del grupo de grandes economías del que forma parte España.

Sin voto en el ‘Día D’.

De este modo,  por obra y gracia del sorteo realizado para determinar los turnos de votación, Luis María Linde, gobernador del Banco de España, no podrá votar en la primera reunión de política monetaria del BCE en 2015,  que se celebrará el próximo 22 de enero y podría resultar histórica si finalmente la entidad decide dar el paso de embarcarse en un programa masivo de compras de deuda soberana, lo que se conoce como ‘Quantitative Easing’ o flexibilización cuantitativa.

Aparte del Banco de España, tampoco votarán en la reunión del 22 de enero los representantes de los bancos centrales de Estonia, Irlanda y Grecia, mientras que países como Alemania, Francia, Portugal, Bélgica, Luxemburgo e Italia, contarán con dos votos, ya que al de su correspondiente banco central suman el de su representante en el Comité Ejecutivo del BCE, órgano en el que España contaba con un asiento hasta la salida de José Manuel González Páramo en 2012.

De este modo, con la derrota del candidato propuesto por el Gobierno español, Antonio Sainz de Vicuña, en una controvertida disputa ante el luxemburgués Yves Mersch se rompía la tradición no escrita de que las cuatro grandes economías del Euroclub mantuvieran siempre un representante entre los seis miembros del directorio del BCE, lo que añadiría un mayor peso a su representatividad en el Consejo de Gobierno, más acorde con su mayor aportación al PIB de la región.

Rotación del voto en el Consejo de Gobierno del BCE en 2015

Rotación del voto en el Consejo de Gobierno del BCE en 2015

Un BCE cada vez más americano.

Además del importante cambio en el mecanismo de toma de decisiones, el Consejo de Gobierno del BCE estrenará también el 22 de enero el nuevo calendario para sus encuentros de política monetaria, que pasan desde 2015 a tener una periodicidad de seis semanas en vez del carácter mensual con el que habían venido celebrándose hasta ahora.

Este cambio en la periodicidad de las reuniones del máximo órgano de Gobierno del BCE vino impulsado por el propio Mario Draghi, quien ya el pasado mes de julio expresaba la necesidad de rebajar las expectativas que rodeaban cada encuentro del instituto emisor y podían provocar distorsiones en los mercados.

Asimismo, el BCE ha acordado introducir una novedad en materia de comunicación con la publicación a partir de su primera reunión de 2015 de las actas de sus reuniones de política monetaria, incorporando así un instrumento que viene siendo usado desde hace años por otros bancos centrales como el Banco de Inglaterra o la Reserva Federal de EEUU.

Según la entidad, los documentos serán accesibles cuatro semanas después de celebrarse la reunión, por lo que las actas del encuentro del 22 de enero serán publicadas en febrero.

No obstante, a diferencia de otros bancos centrales como los mencionados anteriormente, el BCE ha precisado que las actas publicadas no detallarán las posiciones defendidas por los miembros en concreto del Consejo de Gobierno ni tampoco los votos emitidos por los diferentes banqueros centrales presentes en las reuniones.

El truco final de Draghi.

“El riesgo de que no cumplamos nuestro mandato de estabilidad de precios es actualmente mayor que hace seis meses”,  reconocía el presidente del BCE en una reciente entrevista concedida al ‘Handelsblatt’, el mayor diario económico de Alemania.

De este modo, Mario Draghi parece preparar el terreno para embarcar al BCE en la que quizá sea la más controvertida de sus actuaciones desde la creación de la entidad: Un programa de compra masiva de deuda soberana, denominado habitualmente QE (quantitative easing).

La medida, muy contestada por los ‘halcones’ del BCE, los defensores de la ortodoxia monetaria cuyo principal exponente quizá sea el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, se encuentra pendiente aún incluso antes de existir formalmente del dictamen que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) debe publicar el próximo 14 de enero  sobre el programa OMT, que autoriza al banco central a comprar bonos soberanos de un país miembro en dificultades de forma ilimitada en el mercado secundario de deuda a cambio de cumplir una serie de condiciones.

Este programa OMT, que desde su presentación en el verano de 2012 nunca ha llegado a utilizarse en la práctica, supuso la materialización del compromiso que Mario Draghi había expresado el 26 de julio de 2012 en Londres bajo la fórmula, convertida hoy prácticamente en oración para los eurogroupies de Super Mario: “The ECB is ready to do whatever it takes to preserve the euro. And believe me, it will be enough“.

En febrero de 2014, el Tribunal Constitucional de Alemania calificó este programa OMT como un acto “ultra vires” e “incompatible” con la normativa de la UE, aunque se abstuvo de dictar sentencia y remitió el caso al TJUE, cuya resolución definitiva no se espera antes de mediados de 2015.

De este modo, y dando por hecho que la justicia europea no pondrá obstáculos a los planteamiento del BCE, la duda ya no apunta tanto hacia cuándo se decidirá la institución a lanzar su QE, sino en cómo diseñará el mismo con el fin de sumar el mayor número de apoyos posibles sin menoscabar su potencial efectividad.

En este sentido, a pesar de que la expectativa de un lanzamiento inminente de este programa de QE ha permitido relajar los costes de financiación de la deuda europea hasta mínimos históricos en el caso de varios países y ha llevado al euro a perder incluso la cota de los 1,19 dólares por primera vez desde marzo de 2006, no son pocas las dudas de que resulte eficaz a la hora de reactivar la titubeante economía de la eurozona.

y los hijos de Amaltea se abrevaron en el azul melange del Meno, donde desaguan las impresoras del Cuerno de la Abundancia

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